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Concordia: «por lo menos no robamos; nos vendemos por dinero o necesidad»

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Opinión por Victor Castro, Psicólogo Social. MP (BA) 2418

Un poco sorprendido, preocupado y pensativo. De esta manera es la forma que me obliga esta noticia en terminar la semana. 

Esta mañana, específicamente hace algunas unas horas (8:30 AM), termino una comunicación por Google Meeting, desde mi hogar con una familia de concordia (ER) la cual requerían una palabra amiga y profesional. Una mamá, que por motivos de guardar su intimidad y reserva llamare “M”, que con mucha angustia y si se quiere “vergüenza”, en principio en diálogo telefónico, me comenta de una situación que está viviendo, descubre que su hijo de solo 17 años, recientemente cumplidos, vende servicios sexuales, a cambio de dinero o de “algo que necesite” a señores y señoras, también de esta ciudad..Luego de escucharla, muy angustiada por cierto y con ese dejo de vergüenza, sinceramente quede impactado y casi sin respuestas. Voy a traducir la situación y te invito a leerme, redactando y tratando de ser lo suficientemente explícito y objetivo, no imponiendo juicios de opinión, valor ni de moral, tratando de que estas líneas terminen con una profunda reflexión, y que de alguna manera devele otra realidad que seguramente no es nueva pero no se habla, no se dice y pareciera no conocerse.

“M” me comenta que ayer, por motivos particulares, tuvo que regresar a su casa más temprano de lo que acostumbra. Generalmente la hora de su regreso es alrededor de las 19 o 19:30 hs, pero no fue en el caso de ayer que regreso a las 17 hs. “M” es una mujer separada, hace varios años, su ex marido y padre de su hijo de 17 años, reside en la ciudad de Federación. También tiene otros hijos: Uno (11 años) que vive con su padre y abuelos, que es el más pequeño, y que no es del mismo progenitor que el hijo de 17 años al cual llamaremos “T”, por las mismas rezones de reserva y confiabilidad. También un hijo (19 años) que vive con su abuela, y actualmente vive con un señor amigo. – Estando en su casa, le sorprendió no encontrarlo a “T”, pero por su estado de salud, dedujo que estaría en casa de su vecina (una ex noviecita). Sorpresa fue al ver que frente a su casa estacionaba un auto de alta gama, y de su interior bajaba si hijo “T”, y quien conducía el vehículo era un señor de unos 50 años aparente.

Extrañada, lo recibe a su hijo, al tiempo de que el joven quedo muy sorprendido y nervioso por encontrar a su madre en la casa. Ante las preguntas que le realizara “M” a si hijo “T” – De donde venís? Quien es el tipo que te trajo?, el joven no disimulo los nervios y le grito de mala manera –Que te importa? Sos “gorra” ahora? (gorra: refiriéndose a: policía) — resumiendo, luego de discutir exacerbadamente con su hijo, le confiesa éste, al principio, que “trabajaba” que intercambiaba servicios sexuales por “plata” o “cosas que el necesitaba” y que ella (refiriéndose a su madre) no le podía comprar. A lo que me atrevo revelar y a poner acento es que el joven cuando se refiere a “esas cosas que necesitaba”, se refiere a bebidas alcohólicas, cigarrillos, celular y zapatilla.

.Según un estudio realizado por una ONG del Gran Bs As, un preocupante número de adolescentes de entre 13 y 18 años de más de 10 ciudades de la región, están vendiendo sus cuerpos, y robando o traficando con drogas, para tener algo que comer, o bien para que esa entrada de dinero les garantice satisfacer actividades de recreación. Evidentemente de esto en Concordia no escapamos.

Lo que más nos podría alarmar, tras un análisis de otras fuentes, es que el comportamiento de estos jóvenes no es en absoluto impulsivo ni desesperado, por supuesto tampoco obligado, sino que actúan de una forma totalmente racional. Ante la desesperante “situación familiar” (psicológica – emocional y económica), ellos entienden que deben hacerse cargo de sí mismos e incluso tomar por responsabilidad propia la situación, y hasta a veces, de sus hermanos. 

Entendiendo la desesperación de esta mamá, amiga de hecho. Solicito poder hablar con “T”, a quien también conozco y desde muy chico. Para lograr evitar falsos intentos de manipulación en nuestra comunicación propongo que hagamos un Meeting por internet entre los tres: Mamá, “T” y yo. De lo conversado desprende un sentimiento propio de “No Culpa”, no al menos como autor de esta actividad, que hasta si se quiere es ilícita, sino como en respuesta a su orden de vida, a naturalizado como comportamiento propio de un adolescente la venta o alquiler de su sexo.

Entre las cosas que informo: que no lo hace el solo, que en su grupo de amigos son varios los “parce” (amigos de la calle) de entre 15 a 20 años que lo hacen, que todo empieza por contactos del face o instagram, que generalmente son referidos por otros – Insiste en que son muchos los pibes de toda nuestra ciudad los que ejercen esta actividad –  Que estas personas “los viejos p…” que les hablan, son generalmente casados, y “buena gente”, que a veces no solo le dan plata, sino que toman, comen, ven películas y se divierten. Fue tal “natural” la naturaleza de lo expresado, valga la redundancia, que hasta en un momento de la conversación expreso: “por lo menos no robo” y hasta sentí como que “T” esperaba nuestra aceptación satisfactoria al respecto. Pero, y los consumidores? Eso es algo para tratar también, que vamos a obviar en este relato.

Las preguntas a formularnos y que te comparto para que pensemos juntos, serian: ¿en qué momento permitimos que sucediera esto? ¿Nuestros hijos pre adolescentes y adolescentes en busca de satisfacer sus necesidades arriesgan hasta su integridad sexual y psicológica a cambio de dinero? ¿Dónde incide la responsabilidad?

Entre muchos de los flagelos psicosociales la “prostitución” es una construcción psicosocial de la coacción como consentimiento. Es importante conocer cuáles son las representaciones que en el imaginario social legitiman la prostitución para entender cuáles son las necesidades de sensibilización y cómo van a ser aceptadas las medidas legales y sociales implementadas, así como evaluar los efectos que estas estructuras pueden tener.

Si hablamos entonces de responsabilidad, reflexionemos y hablemos de ser padres responsables, de sanar y curar la disfuncionalidad y construir la funcionalidad desde vectores y parámetros claros. La falta de la puesta de “limites” nos hace caer en el caos. Limites que por acervo sociocultural se mantienen en nuestro inconsciente colectivo y nos remiten a confundir autoridad por autoritarismo. Tenemos la obligación como padres o madres de poner autoridad, de ser claros en la puesta de esa autoridad, de la consecuencia en lo que emito el mensaje sin caer en la repetición del mismo, sino siendo totalmente claro a la hora de expresarme. Haber, somos el o la capitanes del barco, por tanto de nosotros depende que nuestra familia ande bien, construya tranquilidad y salud psico-emocional. La puesta de reglas es fundamental a la hora de normalizar nuestra convivencia, reglas que lógicamente serán auténticas y distintas en cada núcleo familiar, pero que deberán ser cumplidas dentro de ciertos cánones que valoremos como fundamentales. Para tal fin, es viable una buena comunicación y escucha asertiva, en donde a través del feedback positivo pueda hacerte escuchar, y que los miembros que se encuentren bajo tu responsabilidad acepten estas sin grandes cuestionamientos, porque es lo que vos crees que va a hacer que las cosas anden lo sufrientemente bien. Entonces de esta manera podrás definir como mamá o como papá o ambos como pareja que cosas deberan hacer todos los días para que esa familia, tu familia, funcione y no se agoten. Siempre teniendo en cuenta que en cualquier momento podes volverlos a juntar y conversar sobre los resultados, y si no están del todo satisfactorios hasta podes pedir disculpas y modificarlos. Lo importante para la funcionalidad, es ser claros, es decir: “si tocan la puerta y atiende tu hijo o hija, no le digas “DECI QUE NO ESTOY” si uno de los límites que vos impusiste en tu grupo familiar es no mentir.

El ceder por cansancio no justifica el error, sino por el contrario, garantiza el quiebre de límites. La valoración de nuestros actos y acciones, por nuestros hijos puede estar distorsionada y no ser capaces de comprender nuestra realidad.

En concreto desde el análisis del discurso social que existe en torno a este fenómeno, para llenar el vacío científico en esta área; de manera que constituya un primer eslabón hacia la formulación de nuevas investigaciones, que el Estado político y jurídico deberá tomar, y en el marco de la teoría de las representaciones sociales, pretendo con esta publicación posibilitar el conocimiento e identificación de los elementos que configuran y facilitan este tipo de sucesos, que es uno de muchos sino es uno más de muchos más.

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Escrito por APDRA

Redacción de la Comisión Directiva Nacional de la Asociación de la Prensa Digital Argentina.

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