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El "agente" Daniel Enz también firmó la solicitada de la burguesía mediática

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«Los abajo firmantes rechazamos enfáticamente las campañas de difamación pública y presiones contra periodistas profesionales desatadas en las últimas semanas desde algunos sectores del poder político, incluyendo a quienes tienen funciones de la más alta responsabilidad institucional.

Todo ciudadano tiene derecho a cuestionar una nota o la opinión de un periodista, pero cuando se recurre al escrache con acusaciones infundadas de espionaje ilegal, insultos y ataques personales se cruza una frontera peligrosa para el ejercicio de la libertad de expresión y la convivencia democrática. Los ataques públicos y las intimidaciones recientes contra periodistas, así como las acciones de espionaje y otros abusos del poder político, preocupan y merecen una reflexión para recrear un escenario de tolerancia. La estigmatización, sobre todo cuando cuenta con impulso desde el Estado, condiciona el papel de la prensa, intenta generar miedo y promueve la autocensura. La pluralidad de ideas y voces y la tolerancia con el que piensa distinto son claves de la democracia que reconquistamos en 1983.

Los gobernantes, los legisladores y el resto de los funcionarios públicos no solo tienen que respetar la libertad de prensa, de expresión y de investigación, sino también ayudar a construir un clima público que permita el ejercicio de esos derechos», dice la desopilante solicitada.

El dechado público fue firmada por periodistas Macristas o antik que fueron cómplices del gobierno de Cambiemos y nada dijeron sobre los 4500 periodistas que se quedaron en la calle entre diciembre del 2015 y el 2019, entre ellos el sospechado agente inorgánico de la AFI, Daniel Enz, la pata entrerriana de los servicios y de Clarín, partícipe necesario del armado de la Causa Narcomunicipio en Paraná, donde se condenó al exintendente Sergio Varisco, el exconcejal Pablo Hernández y a una funcionaria policial.

Nunca antes desde el regreso de la democracia en 1983 hubo un ataque tan feroz hacia los medios independientes.Durante la gestión de Cambiemos se atacó al Diario Tiempo Argentino y Radio América (que sigue desaparecida), se vaciaron a los medios públicos con despidos en Radio Nacional y Télam por cuestiones ideológicas, además algunos de estos periodistas firmantes pidieron el cierre de C5N y que el Grupo Indalo desapareciera. Hubo listas negras, Censuraron, persiguieron y difamaron con operaciones a colegas, como es el caso de quienes trabajaron en 678.

Los firmantes son, en su mayoría, integrantes de FOPEA, de ADEPA y de la Academia Nacional de Periodismo: tres instituciones dirigidas -historicamente-  por los diarios Clarín y La Nación. ADEPA, en su momento fue presidida por Etchevere, quién fuera director de El Diario de la capital entrerriana y que entregó y dejó sin trabajo y sin indemnización a decenas de periodistas. Todos, ligados al sector del campo y de la derecha más rancia de nuestro país. La burguesía mediática.

La libertad de expresión en general y la de prensa en particular, son derechos inalienables, pero utilizar el poder mediático para imponer agendas de espionaje ilegal para el armado de causas judiciales con el fin de callar las voces críticas y castigar opositores, es la verdadera esencia de lo que no podemos permitir y tenemos -como referentes- la obligación de combatir.

* Pablo Ceccarelli, Presidente de la Asociación de la Prensa Digital Argentina.

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Escrito por Pablo Ceccarelli

Periodista. Presidente de la Asociación de la Prensa Digital Argentina.

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